Pensé que me iba a costar mucho más el llegar a mi ciudad luego de los 94 dias de vacaciones. Siento como si nunca hubiera realmente partido y todo lo que viví en Europa fuera como un recuerdo de hace años. Y al volver a caminar por la ciudad, me dí cuenta que Santiago es más pequeño de lo que pensé, más feo, más descuidado y al mismo tiempo la gente es la más simpatica, lejos.
Llegue justo para las fiestas patrias y no pudo haber sido mejor. Miraba las casas con las banderas, el olor a asado impregnaba las calles y yo comia feliz choripan con pebre. Vi a mis amigos cercanos(aunque me faltó ver a la Nancy), conversamos, nos reimos y hasta en alguna ocación me puse a llorar.
Creo que recién estoy entendiendo que estoy obligada a pasar un año acá, quizas sin viajar y al mismo tiempo tengo algo de angustia al pensar que, conocí a alguien realmente especial y que quizas todo lo que siento ahora, se diluirá por la distancia y yo no quiero que eso suceda. Me di cuenta que no puedo tomar un tren e ir a verlo, que ya no depende de mi, que estoy en la banca-ruina y que ahora me toca estudiar y no trabajar y sacar el titulo y quedar tranquila al fin. Y que se viene dificil, demasiadas emociones y sentimientos se presentan de golpe, con respecto a mi casa y a decisiones que hay que tomar. Pero bueno, hay que hechar pa adelante.